Militante del alba, ¡presente
Asunto: Militante del alba, ¡presente!INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA
INLEC DEL PERÚ
Y
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRAHOMENAJE
A MARCIALJARAMILLO
1921 – ENERO 2009MILICIANO
DEL ALBA
¡PRESENTE!SÁBADO 17 DE ENERO, 2009
MISA SOLEMNE DE CUERPO
PRESENTE EN LA CATEDRAL
DE TRUJILLO Y SEPELIO
UNA VIDA
QUE ES
VERDADDanilo Sánchez Lihón1. Déjame
ir contigoFue mi profesor en la Educación Secundaria a quien admiré por su devoción a César Vallejo, que graficaba con su memoria prodigiosa recitando cualquier poema que se le pidiera del autor de "Los heraldos negros", "Trilce", "Poemas humanos" y de "España, aparta de mí este cáliz".
Lo recuerdo como un caballero culto y refinado, henchido de una enorme sensibilidad por toda manifestación artística y pleno de una gran emoción social, integrante del grupo que lideraba Luis de la Puente Uceda a quien acompañó en un viaje decisivo a Cuba.
Ello cuando viajar a la isla heroica era una provocación a las fuerzas represivas y una automática figuración en las listas negras de quienes se arrogaban el derecho a reprimir y liquidar toda expresión de pensamiento libre, sospechándose de ellos lo peor en cuanto a subversión y socavamiento del orden social imperante.
Como resultará lógico comprender, de inmediato fue subrogado como profesor del colegio y eso dio inicio a una vida llena de sacrificio para él y su familia. En su estancia en Cuba, al lado de Luis de la Puente Uceda, se reunieron varias veces con Fidel Castro, almorzaron en la casa del Che Guevara, para ese entonces Ministro de Hacienda de Cuba, a donde fueron invitados por su esposa, la peruana Hilda Gadea, quien preparó para sus paisanos una anticuchada en su casa de La Habana.
Cuando regresaron al Perú don Marcial le pidió a Luis de la Puente, sabiendo que él iniciaba su gesta en las montañas en la Convención en el Cuzco:
– Déjame ir contigo.2. Grandiosa
verdad
– No –le contestó él–, tú ya no estás apto para campañas militares. Otra es tu función y no menos importante. Eso sí, mantente vigilante para lo que se te encargue.
Al despedirse Luis lo abrazó diciéndole:
– Que te conste, seré el primero en caer antes que deje que caiga ninguno de nuestros compañeros –algunos de ellos santiaguinos, palabras admonitorias que se cumplieron cabalmente.
Es la vida de Marcial Jaramillo el testimonio de un ideario social, de una manera de ser ante la historia, como el temperamento y el coraje de una generación que subió a las montañas, como lo hicieron cien años antes los doscientos coterráneos del Batallón Libres de Santiago de Chuco que marcharon a entregar su inflamado corazón, llevando como único armamento sus picos y sus palas, ingresando al campo de batalla de Huamachuco, comandados por su adalid Santiago Calderón, para defender el honor de la patria ante la horda de invasores.
De allí que Marcial Jaramillo en la poesía que escribe haya escogido como símbolo de belleza y legitimidad, al zafiro, que evoca varias veces y bajo cuyo conjuro terminan algunos de sus poemas, como poniéndole un engarce de joya preciosa a sus versos que de por sí son perlas y diamantes; quizá porque el zafiro es azul como el cielo de su pueblo y su utopía de redención y porque zafiro significa "el dulce brillo de lo que nace e irradia en el interior del ser".3. Él
y el violínRecuerdo a don Marcial Jaramillo también por su fina y muy sentida afición a la música y especialmente por su virtuosa ejecución del violín.
La estampa que de él guardo es la de un joven espigado, con la barba ligeramente esbozada de quien ha pasado varios días en vela, encapotado en un abrigo negro, pálido y arrobado, iluso y levemente sonriente.
Con el gesto de quien lleva algo muy precioso en el alma y, acunando bajo el brazo como a un amigo tierno y confidente, siempre su violín.
Aquel violín fue lo primero que compró con su primer sueldo de maestro, para lo cual se hizo acompañar de un músico eximio y consumado como es su amigo Romeo Solís Rosas con quien visitó una prestigiosa casa musical de Lima.
Como es lógico suponer el violín que escogieron resultó un tesoro, sonoro y precioso.
Entre él y el violín surgió un desposorio total. Ejecutando ese instrumento él se hacía acompañar de otros amigos para dar serenatas, en las noches profundas de nuestro pueblo, endechas e idealizaciones que siempre ocurren al pie del balcón en donde vivían en aquel tiempo las damas más hermosas que jamás hayan existido en ningún lugar del mundo.4. Yo
la llevoSin embargo, ocurrió que el día en que recibieron a un nuevo médico, al Dr. Armando Becerra, llegado para hacerse cargo del servicio de atención de la salud del pueblo, el grupo de maestros cultores del arte musical se reunió para darle un afectuoso recibimiento con cohetes y canciones.
Después de esta expresión de cariño el grupo de amigos continuó con la celebración, para lo cual se trasladaron a la tienda de don Rubén Murga y allí los cogió la madrugada. Entonces don Lorenzo Risco, entusiasta y buen hombre, sobre todo para las causas nobles de la vida, les propuso:
– Qué les parece si vamos a comer unos calditos de gallina, puesto que ya las sombras de la noche están por irse.
– Por su puesto y de acuerdo, don Lorenzo –aprobaron todos–. Y se fueron a la casa de doña Blanca Robles, a quien despertaron y quien no tuvo que corretear al ave que sacrificaría puesto que fue al corral y la cogió dormida. Lo cierto es que les preparó un rico caldo. De regreso don Lucho Donet le dice a don Marcial:
– Mejor me voy a dormir a la casa de mi mamá. ¿Te puedo encargar mi guitarra?
– ¡Cómo no! Yo la llevo. –Así fue cómo cogió en un brazo la guitarra de don Lucho Donet y acomodó en el otro brazo su violín.5. Yo hago aparecer
su violínBajaban por la plaza, con el cielo todavía oscuro. Estando por la casa de don Vicente Gamboa, desde dentro de un corredor, reconociéndolo al trasluz, le rogaron:
– Don Marcial, don Marcial: ¿no tendrá un fosforito para prender esta vela? – Esas voces eran de las hijas de su amigo, don Antonio Ramírez.
– ¡Cómo no hijitas, aquí tengo fósforos!
– Háganos el favor de ayudarnos a prender esta velita que nos vamos a moler este trigo al molino.
La guitarra no la soltó, sino que puso su violín a un costado de la puerta, que estaba abierta. Dio unos pasos hacia adentro para encender la velita. Prendió al instante, pero cuando volvió a recoger su violín ya no estaba. Alguien que pasó por la calle lo había cogido. Pensó que era una broma y no se preocupó mucho. Pero al otro día ni en los días siguientes nadie daba razón del precioso instrumento.
En Santiago nunca había ocurrido que algo se perdiera de un modo tan ostensible. Largo tiempo estuvo indagando y en toda ocasión que se presentaba averiguaba. Pero había desaparecido como por encanto. Tanto preguntó que hasta don Francisco Vallejo, gobernador de la provincia y una persona muy seria le dijo un día:
– Yo, como la máxima autoridad política, hago aparecer su violín. Pero para eso tiene que darnos a todos sus amigos un agasajo.6. En el alma
de los seresTanto anhelaba encontrar su violín que cumplió con dar el tremendo agasajo, que le costó más de lo que hubiera significado comprar un nuevo violín. Pero, en su discurso y en pleno banquete don Francisco Vallejo expresó que era una broma hecha a pedido de sus amigos.
En realidad el violín nunca apareció, hasta ahora. Y constituye un verdadero misterio.
– Así son las aventuras que se pasan en la vida, –reflexiona entristecido don Marcial al concluir con el relato de esta historia.
– Muchos relacionan al violín con el diablo.
– Pero el mío era de ángeles por la música divina que salía de sus cuerdas, muchas veces sin que yo fuera el artífice consciente.
– Don Marcial, –le digo yo–. Ya encontró su violín. Está en el libro "Fragancia del tiempo", que ha escrito.
Es su violín porque en él ha escanciado de la vida sus mejores jugos, el de la amistad, el del valor, el de la defensa de las causas justas en la sociedad y, sobre todo, las del cariño y amor a sus seres entrañables, que trasuntan los versos que ahora nos presenta en su libro, que en el fondo es el violín que él perdiera y que ahora ha encontrado.
Es su violín porque la poesía que ha escrito es de la armonía con el mundo y las cosas, del encanto de vivir, de la comunión con los demás, de la capacidad de asombrarse y admirar, de escuchar la música profunda que está en el alma de los seres y sus relaciones, en el mecanismo interior que ampara y sostiene el universo.7. Salvar
la luzEs su violín porque todo ello es consecuencia de ese haber vivido de manera natural, abierta y gozosa, con el aire fresco de la mañana o del atardecer, o con el agua mojando nuestros pies cuando se atraviesa un arroyo.
O con la luna abriendo de estupor y sorpresa nuestros ojos cuando hemos sido niños y vivido en Santiago de Chuco bajo el cielo tachonado de estrellas y luceros como es el caso suyo y de muchos de nosotros.
Son notas de su violín porque es poesía auténtica para los seres que uno ama; para el amigo, el hermano, los hombres en pie de lucha. Para sentirse vivo, sentirse hijo, padre, abuelo, maestro.
Para reconocerse un ser con una misión en el mundo, con su propio destino, donde escribe para revelarse. Y eso es lo valioso y lo verdadero de la poesía. Lo otro es vanidad, soberbia e impostura.
Son notas de su violín fiel a la vida, al llanto, a la alegría de un niño, al gozo o la pena de un padre, a los adioses y a los encuentros de los amantes, a las despedidas de los seres queridos que se van muy lejos en busca de trabajo.8. Presentándose
ante DiosDonde la poesía es sincera, fraterna y esperanzada.
Y la verdad de los poemas resalta a primera vista, donde sabemos que estamos ante alguien que pone su corazón para respaldar lo que las palabras apenas refieren.
Son notas de su violín cuando la poesía es para salvar la luz que nos alumbra, las flechas que se nos han incrustado en el alma, exorcizar los dolores que afligen a nuestros seres queridos.
Cuando la poesía es consuelo, caricia, alivio y rezo.
Pulsar ese violín, estrecharlo entre los brazos, significa indudablemente grandeza, amplitud, vastedad. Es amar con toda el alma a su tierra y a su gente.
Supone tener un corazón para abarcar los latidos de una inmensa multitud.
Significa tener los brazos y el corazón muy amplios, grandes y generosos porque es como abrazar a una hermosa, vasta y grandiosa verdad.
Ese violín está en sus manos. Con él lo imagino presentándose ante Dios, mientras aquí su ausencia es inconsolable.
Texto que puede ser reproducidocitando autor y fuenteTeléfonos: 420-3343 y 420-3860