COMO TODOS LOS LUNES

 

Cristianos evangélicos, apoyando la causa judía
en la actual guerra entre estos y los palestinos
 


Por:
Pablo B. Espinoza  
www.perumagiayencanto.com
Lunes 11 de enero del 2008

 

increíble como el ser humano, generalmente por falta de conocimiento, o por ignorancia supina, puede ser instrumento títere en manos de cualquier movimiento político y/o religioso, en buen romance, un tonto útil. Ambos movimientos, usando una causa aparentemente justa o verdadera, adquieren sus adeptos en base a la facilidad con que la mayoría de estos pueden ser convencidos y soliviantados, haciéndolos actuar en forma obcecada por algo que solo conocen superficialmente. La política y la religión son maestras en manipular sentimientos. 

 

Haciendo honor a la justicia, no quiero echar en un mismo costal a políticos y religiosos honorables y sinceros. Mis respetos para aquellos y aquellas que respetan la libertad de pensamiento y credo, que no miran con desden a los que no creen como él o como ella, sino que retienen lo bueno de cada confesión o  movimiento que lucha por la paz y la justicia en el mundo, para beneficio de toda la humanidad. Mi reconocimiento a los y las que reconocen la libertad de pensamiento y credo como un derecho de todo ciudadano/a del mundo y como una ley divina universal.

 

Con cuanta sorpresa, dolor y fastidio he recibido estos días correos electrónicos de cristianos evangélicos, apoyando la causa judía en la actual guerra entre estos y los palestinos. Que poco favorable es al auténtico cristianismo esas publicaciones amarillistas y tendenciosas, que favorecen esta guerra, sin importarles el dolor humano. No hay duda que todo esto es producto de la teología de la gloria y de una escatología apocalíptica muy bien orquestada y promovida desde los países coporacionistas. Estar de acuerdo con el inclemente bombardeo de las fuerzas israelíes contra Palestina por que se ve en ello la voluntad de Dios, es proyectar la imagen de un Dios sanguinario y guerrero, al más puro estilo de los dioses de la mitología universal.

 

Pero también me horroriza el apoyo incondicional que masas azuzadas en muchos países, están dando al grupo Hammas, actualmente en poder del gobierno palestino y principal incitador de esta guerra. Más  bien se le haría a la humanidad levantando la voz contra la guerra en esa región del planeta, condenando los actos hostiles de las dos partes y llamándolos a la paz y el entendimiento; y condenando especialmente las guerras religiosas, que son muy peligrosas. Ya es tiempo que el mundo se manifieste abiertamente en contra de ellas sea donde sea, porque una guerra religiosa no es más que el producto de una mano negra que azuza el fanatismo temerario. La única solución para este conflicto es que ambos aprendan a vivir en paz. No debemos apoyar a uno para la destrucción del otro. Tenemos que condenar los actos de lesa humanidad cometa quien los cometa. Solo así podremos garantizar un mejor futuro para las futuras generaciones.

 

Al final el resultado de esta guerra será de mucha destrucción material, muchas vidas, especialmente jóvenes, pérdidas en vano y mucho dolor en el corazón  de madres, niños y ancianos. Pero también pingues ganancias en las arcas de los fabricantes y traficantes de armas; dinero que debemos maldecir con oraciones imprecatorias para que muy pronto las espadas se conviertan en arados.    

 

En cuanto al aspecto religioso de esta lucha, dejémonos de ser los acomedidos de Dios, y no nos inmiscuyamos en asuntos que El los tiene en su sola potestad. A nosotros y nosotras nos toca ser mensajeros de paz y justicia, para toda la humanidad.  “Orad por la paz de Jerusalén” (Salmo 122),  no quiere decir “aprobad todo lo que los judíos hacen”. El Israel de hoy es un estado democrático y no teocrático como el del Antiguo Testamento de la Biblia. El Nuevo Pacto de la Biblia es universal y no solo de un país o una etnia. La paz de Jerusalén se dará cuando por fin en sus calles caminen es paz, con tolerancia y sin miedos judíos, musulmanes y cristianos.   

 

Por la paz del mundo entero.

 

Pablo B. Espinoza